Ser Valiente

Mi padre me dijo que nunca nadie se arrepiente de ser valiente. Que este mundo necesita de gente muy y demasiado valiente para lograr cosas sobresalientes.  El valiente nunca miente a menos que sea para proteger a uno que esté doliente.  De coraje y de valor, a veces tenemos grandes fuentes y otras veces estamos carentes. 

De ser perfectos, estamos distantes. El ser bueno y decente siempre está al alcance.  

La ausencia de familiares es doliente; a veces trae vulnerabilidades y a veces te hace más fuerte.  Pero esto me obliga a brindar una fórmula similar a mi familia que a pesar de siempre tenerla presente, en ocasiones les fallo por no ser siempre consistente, pero raras veces por no ser valiente y nunca por no quererles.

El ser valiente en ocasiones te puede hacer llorar, pero uno nunca se detiene. Lo único que detiene es la duda, pero la duda viene en ocasiones por falta de valor, no por rencor, sino por querer evitar dolor.  El miedo es como un tumor. Hay que sacarlo para poder tener control.  Como dice Rubén Blades, amor y control. 

Ser valiente suena popular, pero no siempre viene con glamour; muchas veces te puede amenazar y a veces te obliga a hacer cosas que te pueden alterar. Uno tiene que tomar las decisiones que mejor sientes que debes tomar. Si te caes, te vuelves a parar. Si te equivocas, toca reparar. Si te cansas, a descansar. Si te ofenden, a perdonar. Si ganas, a celebrar. Lo que no puedes hacer es parar. Calma y serenidad, que después de la tormenta viene tranquilidad.

Pies firmes en la tierra y nada de aires que te pongan a comer hierba.  El valor que venga con humildad, ya que si no vienen juntas, pierden su gran calidad. 

Eric Sánchez

11 de agosto 2018. 

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